Nunca fui una carga
El banquete de fin de año de la organización estaba terminando. De pronto, un reflector me enfocó de golpe, cegándome.
—¡Es hora de nuestro último brindis! ¡Por el mayor lastre de la familia!
Se hizo un silencio sepulcral durante un segundo. Luego, las risas crueles resonaron por todo el salón. Chloe, la nueva mujer de Silas, me dio un codazo en el hombro con una sonrisa mordaz.
—Ve a buscar tu premio, Valentina. ¡No seas tímida! Yo también voté por ti, te lo ganaste.
Me quedé en silencio y fijé la mirada en nuestro jefe, Don Silas. Él sabía perfectamente lo que yo había hecho por este imperio criminal: el lavado de dinero que lo había vuelto imposible de rastrear, las madrugadas que pasé be