Noches de Suspiros
Por alguna extraña razón eso me hacía sentir mal, estar solo no es nada placentero, incluso alejaba a todos, y quizás por eso, aún seguía a su lado, como su leal compañera de trabajo, aunque a veces quisiera ahorcarlo.
De la nada, mi mente empieza a imaginar mi cuerpo en una cama, con sabanas de seda. Unas manos bien masculinas acariciándome con rudeza, y me encantaba, separando mis piernas, elevo la mirada hacia arriba arqueando mi espalda, y cuando vuelvo a mirarlo, veo el rostro sonriente de mi jefe ahí abajo, apunto de hacerme un oral.
Mis ojos se abren casi saliéndose de sus órbitas, y pude darme cuenta que tuve un sueño con mi jefe despierta.