Me Echó Por Su Esposa Plagiadora
El primer día que volví a la empresa, durante la hora del almuerzo, apoyé la cabeza en el escritorio para descansar.
De pronto, oí varios golpes secos sobre mi escritorio.
Levanté la cabeza y vi a Flora Vargas, una diseñadora que hacía poco había empezado a aparecer por la oficina y a meterse en los asuntos del área de arquitectura.
—La hora del almuerzo terminó hace cinco minutos y tú sigues aquí durmiendo como si nada. A partir de mañana, ni te molestes en volver a trabajar.
Le expliqué que acababa de volver de reunirme con un cliente y que, por ese proyecto, llevaba varias noches seguidas casi sin dormir.
Ella hizo una mueca de desprecio.
—¿Y eso qué tiene de difícil? No es más que salir
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