La Boda que Nunca Notó
La sala era la de siempre: madera pesada, luz tenue, rostros que conocía desde niño; pero el ambiente era distinto: más frío.
—Has sido descuidado —dijo un mayor sin rodeos.
—Con respeto, no veo cómo… —comenzó a Ted, tensándose.
—Tu esposa —lo cortó otro—. Ha cometido varios errores en público.
—Es nueva —respondió Ted entre dientes—. Va a aprender.
Hubo una pausa, y entonces alguien habló, con tranquilidad, precisión y sin piedad:
—No tiene intención de aprender.