Entre mi dignidad y la lujuria
Tú eres mi vida ahora
La levanté, sus piernas envolviendo mi cintura con una urgencia que igualaba la mía. Me deshice de mis pantalones con torpeza, mi mente nublada por el deseo y la rabia. Me hundí en ella de un solo golpe, profundo, buscando su centro, buscando que ella sintiera que cada parte de mí le pertenecía solo a ella. Mía soltó un grito que empañó el cristal, sus manos aferrándose a mi espalda, clavando sus uñas hasta hacerme sangrar.—Dime que eres mía —exigí, mis estocadas volviéndose rápidas y brutales, un ritmo de conquista y entrega—. ¡Dime que no crees en nada de lo que dijo!
—¡Soy tuya, Alan! ¡Hazme olvidarla! —gemía ella, arqueando la espalda, su cuerpo temblando bajo el mí