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Lahat
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Mujer Poderosa
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Independiente
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
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CEO/Magnate
Amigos de la Infancia
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Celebridad
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Kwento at Setting

52
Lahat
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
18+
Seducción
Karma
Castigo al Infiel
Liarse con alguien
Drama Familiar Total
Drama Familiar
Despertar
Encuentro Amoroso
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Embarazo
Persecución por Amor
Amor Prohibido
Sistema
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Diferencia de Edad
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

20
Giro Inesperado×
Lahat
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Giro Inesperado

Tuklasin ang koleksyon ng mga kaakit-akit na maiikling kuwentong Giro Inesperado na sumasalamin sa matinding damdamin at pagnanasa. Perpekto para sa mga mambabasang naghahanap ng mga kuwentong kayang basahin sa loob ng isang oras, na magbibigay-inspirasyon at magpapasiklab sa kanilang imahinasyon tungkol sa Giro Inesperado.
El traidor regresó arrastrándose - undefined nobela & mga-kwento
Teresa Romero
Recibí la noticia de la muerte de mi esposo, pero no derramé ni una sola lágrima. En cambio, recuperé de inmediato sus acciones y registré su fallecimiento de manera oficial. ¿Por qué? Porque había renacido. En mi vida anterior, mi familia había adoptado a tres niños para que crecieran a mi lado, y los tres eran posibles candidatos a convertirse en mi esposo. Como yo era la heredera de la familia más rica del país, mi padre temía que no fuera feliz si me casaba con alguien ajeno a nuestro círculo. Por eso, elegí a Jayden, el más competente de los tres. Sin embargo, apenas tres días después de la boda, murió. Sumida en el dolor, renuncié a volver a casarme. Y, convencida por Jesse y Joel, pasé el resto de mi vida como viuda. Al cumplir ochenta años, viajé a Massalia, el lugar donde una vez nos habíamos jurado amor eterno. Allí me encontré con Jayden, quien supuestamente había muerto sesenta años atrás. Vivía con mi criada, alguien que había desaparecido hacía décadas. Rodeado de hijos y nietos, llevaba una vida feliz y plena. Cuando comprendí que me habían engañado durante toda la vida, la rabia me consumió. De repente, todo se volvió negro ante mis ojos. Morí allí mismo de una hemorragia cerebral. Al despertar, había regresado al día en que recibí la noticia de su muerte. ¡Veamos cómo pretendía seguir viviendo un hombre que ya debería estar muerto!
Mi menstruación expuso todo - undefined nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Me Mató para Salvarla - undefined nobela & mga-kwento
Martha Ramos
Mi esposo, Gael Padilla, era un viajero de otro mundo. Yo vivía en un mundo menor regido por una trama predeterminada: cada persona desempeñaba un papel asignado por el destino, como si todos viviéramos dentro de una novela. A los viajeros como él no se les permitía enamorarse de los habitantes de esos mundos. Aun así, se enamoró de mí a primera vista. Y cada vez que sus sentimientos por mí se intensificaban, sufría un dolor tan fuerte como si le desgarraran el alma. Gael ya había soportado esa tortura noventa y nueve veces. Yo era agente de una unidad especial de la policía. Tiempo después, durante una operación de captura en el extranjero, me secuestraron y me llevaron a una base controlada por un grupo rebelde. Pasaba los días entre golpes, humillaciones y abusos. Incluso me trataban como un objeto y se ensañaban conmigo para dar rienda suelta a su sadismo. Cuando ya estaba al borde del colapso, recordé el método secreto que Gael me había enseñado para conectarme con su comunicador interdimensional. Cuando por fin logré activarlo, la conexión se estableció en modo silencioso, quizá debido a una interferencia. Yo podía escucharlos, pero ellos no podían oírme ni saber que estaba conectada. Gustavo, sin embargo, podía vigilar mi estado mediante el sistema de la misión. Además, el comunicador guardaba automáticamente en mi celular todo el audio recibido. Entonces escuché una conversación entre Gael y Gustavo Salas, su mentor. —Gael, ¿cómo pudiste ponerte en contacto tú mismo con esos rebeldes para que secuestraran a Sofía? ¿No decías que era el amor de tu vida? La voz de Gael sonó fría, sin una pizca de emoción. —En la trama original, Elena debía participar en esta operación, caer en manos de los rebeldes y soportar ocho rondas de tortura. Mi misión es asegurarme de que ocurra lo que estaba escrito. Si Sofía ocupa su lugar y pasa por las ocho rondas de tortura, la misión también contará como cumplida. —Sofía es la protagonista de este mundo. El destino la protege. No le va a pasar nada. Era la forma más segura de cambiar el destino de Elena sin hacer fracasar la misión. Cuando termine la misión, podré quedarme para siempre en este mundo. Entonces la compensaré por todo el daño que haya sufrido. Sentí que el corazón se me hacía pedazos. Y cuando mis captores volvieron a acercarse, dejé de resistirme por completo.
Construyendo Un Quinteto - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—¡N-no! ¡Cuatro son demasiados! ¡No voy a aguantar! En el autobús nocturno, los cuatro compañeros de obra de mi esposo me sujetaron contra el asiento y me abrieron las piernas a la fuerza. El compañero que estaba frente a mí sacó el cinturón y azotó con fuerza mis nalgas firmes. —¡Abre las piernas! Los cuatro nos vamos a dar gusto contigo. Después, me jaló las bragas empapadas.
Nuera Compartida - undefined nobela & mga-kwento
Hombre Sucio
—Papi... no hagas eso... Ay... Mi hijo se quedó dormido sin satisfacer a mi nuera. Ella, tan provocativa, me rodeó el cuello con sus suaves brazos y frotó sus pechos grandes y firmes contra mí. Se me tensó todo el cuerpo y la monté sobre mí: —Zorra, ¿el inútil de mi hijo no te satisface?
La noche en que las dos dimos a luz - undefined nobela & mga-kwento
Mónica Herrera
Una vez jugué con un universitario. Cuando se enamoró de mí, terminé con él. Años más tarde, cuando se convirtió en alguien exitoso, se casó conmigo delante de todos los que pensaban que yo tenía suerte de tenerlo. Mi familia cayó en desgracia y, a ojos de los demás, me había sacado la lotería. Lo que nunca vieron fue lo que ocurría en privado. Cada noche llegaba a casa con una mujer diferente. Nunca lloré. Nunca armé un escándalo. Eso solo pareció enfurecerlo aún más. Entonces decidió ir más lejos. Dejó embarazada a propósito a Natalie, su primer amor. Como aún conservaba la calma, me acorraló contra la pared y me preguntó: —Stella, ¿acaso me amas? Más tarde, Natalie y yo entramos en trabajo de parto la misma noche. Caí de rodillas y finalmente le confesé que lo amaba. Le rogué que me llevara al hospital. Me abrazó con fuerza, incapaz de ocultar su satisfacción. —Lo sabía —dijo—. Eres una mentirosa. Entonces me apartó bruscamente, tomó a Natalie en brazos y se marchó sin mirar atrás. —Después te llevaré al hospital. El dolor del parto será tu castigo.
Mi Matrimonio, Su Lamento. - undefined nobela & mga-kwento
María
Empecé a llamar a mi hermano "señor Quinn" y a mi amigo de la infancia "señor Webb". Ambos fruncieron el ceño con desconcierto y me preguntaron por qué estaba siendo tan formal con ellos. Yo simplemente respondí con una sonrisa apenas perceptible. —Porque creo que preferirían que los relacionaran con Vanessa Quinn. Me reprendieron, acusándome de ser caprichosa: —Vanessa está a punto de casarse con un hombre en coma por tu culpa, y su vida entera se arruinará. La única razón por la que la tratamos tan bien es porque estás en deuda con ella. Sin embargo, lo que ellos no saben es que, esta vez, la persona que se casará con el hombre en coma no es Vanessa. Soy yo: Willow Quinn.
Sin Familia, Decían: Regresé Como Reina - undefined nobela & mga-kwento
Rosemary
La noche de mi fiesta de compromiso, Luca Moretti se acercó a mí acompañado de su amor de la infancia. —Clara se manchó el vestido por accidente —dijo—. Préstale el tuyo por un rato. Luego añadió: —Todos saben que tú eres la protagonista de esta noche. No importa lo que lleves puesto. Ni siquiera me molesté en protestar. Para entonces, Clara ya tenía mi vestido en sus manos. Me quedé detrás de la puerta trasera, entreabierta, con un vestido negro prestado, mientras sus amigos reían y bebían whisky. —Luca, ¿tu verdadera prometida no se va a enojar? —preguntó alguien. Él apenas levantó la vista de su vaso. —Anna va a convertirse en una Donna. Tiene que aprender a comportarse con clase. Otro hombre soltó una carcajada. —Además, es huérfana. ¿Adónde podría ir sin ti? Luca sonrió. —Ella no puede dejarme. En realidad, no sabían que nunca había sido huérfana. Durante cinco años había ocultado el apellido Valenti porque quería que Luca me amara por quien era, Anna, no por ser la hija de los Valenti. Mi padre era el Jefe Supremo de la mafia, el hombre ante quien todos rendían cuentas en las reuniones de la Alta Mesa. Esa noche, dejé el anillo de esmeralda de los Moretti junto al libro de visitas y llamé a casa. —Papá, no voy a casarme con Luca. No vengas a Chicago.
Que La Muerte Te Separe - undefined nobela & mga-kwento
Sarah Lane
Mi hermana menor, Rosalind Thorne, me quitó nueve novios, uno tras otro. El miedo me impidió volver a enamorarme hasta que Nikolai Volkov me pidió matrimonio. Me trataba como a un tesoro. Creí de verdad que por fin había encontrado al hombre indicado. Pensaba que estaba destinada a convertirme en su Donna y llevar una vida tranquila y segura a su lado. La víspera de nuestra boda, Nikolai envió a Rosalind al extranjero. Cuatro años después de casarnos, me encontré con ella en un banquete. Uno de los invitados sonrió con sarcasmo. —Nikolai te mandó al extranjero a pudrirte durante cuatro años. ¿No lo odias? Rosalind sonrió, provocadora. —Es el padre de mi hijo. ¿Por qué iba a odiarlo? La sala quedó en silencio. —¡Mi hermana es tan estúpida e ingenua que en serio cree que Nikolai me desprecia! Rosalind sonrió con desprecio. —Le di heredero, viví en su propiedad, conduje sus autos de lujo y gasté su dinero. Cuando Rosalind terminó de hablar, todos los presentes se volvieron hacia mí. Como esposa legítima de Nikolai Volkov, no sabía nada de lo que Rosalind acababa de revelar. Sin embargo, no lloré ni hice un escándalo. Solo pulsé “enviar” en el correo que había redactado mucho tiempo atrás. La respuesta no tardó en llegar. “Será un placer recibirte en mi equipo. Llevo tiempo esperándote”. Al leerla, poco a poco volví a sonreír de verdad. Nikolai Volkov, a partir de este momento, ya no tienes que fingir que me amas.
Ya No Quiero Tus Sobras - undefined nobela & mga-kwento
Eternity
Al elegir las joyas para nuestra boda, Luca Moretti compró dos piezas y dejó que mi hermana gemela Bianca eligiera primero. Una era un brazalete de rubí adquirido en una subasta siciliana. La otra era una pulsera de ónix negro producida en serie, de esas que se venden en cualquier joyería de un centro comercial. Por primera vez, me adelanté a Bianca y señalé el brazalete de rubí. —¿Puedo elegir primero esta vez? Luca apoyó una mano sobre mi cabeza con ese gesto cariñoso del que se valía para hacerme obedecer. —Bianca siempre ha sido muy exigente con la calidad. Si una pieza no es de lo mejor, no se la queda. A ti no te importan estas cosas, Elena. La otra pieza no está mal. No respondí enseguida. Algo dentro de mí se apagó. En mi propia familia, Bianca siempre recibía la primera porción, el mejor asiento y la habitación con vista. Mi madre decía que Bianca necesitaba lo mejor porque era quien mejor representaba el apellido Bellini. A mi padre le parecía una decisión práctica. Con el matrimonio pasaba lo mismo. Las familias Bellini y Moretti habían acordado casar a una de las hijas Bellini con el heredero Moretti mucho antes de que alguna de las dos supiera qué era el amor. Todos daban por hecho que esa hija sería Bianca. En cambio, dejó clarísima su postura. Prefería conservar su libertad y su imagen pública intachable a convertirse en la señora Moretti. Así que Luca eligió a la otra hija de los Bellini. Conocía a Luca desde hacía veinte años, pero para él siempre quedaba detrás de Bianca. Miré la pulsera de ónix negro que estaba sobre la mesa y la aparté. —Bianca puede quedarse con las dos. No voy a elegir. No quería volver a conformarme con las sobras. Nunca más.
Chequeo Médico Inolvidable - undefined nobela & mga-kwento
Hipocrítico
—Doctor, ¿ya terminó el examen? Ya no aguanto. En el consultorio médico de la universidad, estaba recostada en una camilla. La cortina divisoria me impedía ver. El instrumento de revisión se introdujo varios centímetros más. Intenté soportarlo, pero aun así se me escapó un gemido. —¡No! Pero el doctor se quedó callado y se limitó a accionar la máquina para elevarme un poco más los pies.
Mis Padres Me Congelaron por una Profecía - undefined nobela & mga-kwento
Zafira
Cuando mi hermana gemela Ana Reyes y yo nacimos, nuestros padres contrataron a un adivino para que predijera nuestro futuro. Las pruebas nacionales de admisión universitaria se realizaban durante dos jornadas consecutivas. El hombre aseguró que, si yo obtenía una puntuación más alta que Ana, ella caería en una profunda depresión y terminaría lanzándose desde la azotea de la escuela cuando se publicaran los resultados. Para protegerla, mis padres pasaron dieciocho años reprimiéndome y menospreciándome. Incluso ese día me quitaron la credencial de acceso a las pruebas, sin la cual no podía presentarme. Me arrodillé frente a ellos para suplicarles y, desesperada, golpeé la frente contra el piso de baldosas. Papá me dio una patada y me empujó dentro de la cámara frigorífica del pequeño almacén de alimentos que mis padres tenían anexo a la casa. Al caer, mi teléfono golpeó el suelo; la pantalla se hizo añicos y quedó completamente negra. Mi hombro chocó contra el panel de control y activó el sistema de refrigeración, pero ninguno de ellos se dio cuenta. Cuando papá cerró la puerta de golpe y echó la llave desde afuera, el impacto atascó el mecanismo de la palanca de emergencia. —Sabes perfectamente que Ana podría morir por tu culpa. ¿Y aun así quieres presentarte a las pruebas? ¿De verdad quieres empujarla al suicidio? El panel indicaba que el sistema estaba programado a −30 °C. Solo llevaba el uniforme de verano: una camisa de manga corta y una falda. Golpeé la puerta con todas mis fuerzas. —¡Mamá, hace mucho frío! Por favor, déjenme salir. —¿A quién pretendes engañar? La voz de mamá era aguda y cortante. —¡Si el sistema de refrigeración ni siquiera está encendido! Como tú no vas a presentarte a las pruebas, bastará con que Ana complete las dos jornadas para que esa predicción ya no pueda cumplirse. ¿Y tú no puedes pensar en nadie más que en ti? Sus pasos se alejaron. La sangre seguía brotando de mi frente. Goteaba sobre mi camisa y se congelaba casi al instante. Me encogí en un rincón. Poco a poco, mi cuerpo comenzó a ponerse rígido.
Memorias que se vuelven viento - undefined nobela & mga-kwento
Belén Cadiz
Durante una partida de «Verdad o reto», mi novio perdió y tuvo que comprarles bebidas a todos, por lo que, media hora después, regresó cargado de bolsas y, con una gran sonrisa, comenzó a repartirlas. —Jake, llevas dos días sin dormir. Aquí tienes tu helado americano. Lula, para ti el de mango y maracuyá con tapioca extra, ¿verdad? Y también tu jugo de limón, sin hielo. Lo has pedido unas ochocientas veces. Fue recorriendo el círculo hasta que todos tuvieron un vaso en las manos. Sin embargo, cuando llegó frente a mí, la bolsa ya estaba vacía. La habitación quedó sumida en un silencio incómodo. —¿Y la bebida de Harper? Todd Rossi levantó su vaso y lo tendió hacia mí. —Se me olvidó, pero puede compartir la mía. Sus amigos estallaron en risas y enseguida comenzaron las bromas. —Vamos, ¿otra vez con lo mismo? Si vas a presumir tu amor delante de todos, al menos cambia de estrategia de vez en cuando. Las carcajadas llenaron la habitación. Todos creían que aquello era una muestra pública de afecto. Pero… yo conocía la verdad: Todd no había olvidado la bebida; se había olvidado de mí. Después de cuatro años juntos, todavía era incapaz de recordar que yo era alérgica a los duraznos. Por eso, en silencio, dejé el vaso sobre la mesa. Había soportado ese tipo de descuidos durante demasiado tiempo… Y hoy, por primera vez, decidí marcharme.
Renací Para Salvarte - undefined nobela & mga-kwento
Cocojam
Un cazador renegado en una misión suicida emboscó a Lucius Nightshade, el Progenitor Vampiro Original. Pero mi compañero de sangre, Julian Thorne, y sus guardias de élite no estaban allí. Se encontraban en un baile de máscaras a medianoche para jugar a ser los guardaespaldas de su amor de la infancia, Lilah. No invoqué el vínculo de sangre para llamar a Julian. En su lugar, con un embarazo de ocho meses a cuestas, me abalancé sobre Lucius. Sacrifiqué mi cuerpo para protegerlo de la mortal metralla de plata. Porque en mi vida pasada, sí invoqué el vínculo. Julian abandonó a Lilah, se teletransportó y salvó a Lucius. Por esa hazaña, se ganó una silla en el Alto Consejo y se convirtió en el Lord de su clan. Pero Lilah, furiosa por el abandono, huyó del territorio seguro en un ataque de ira. Al quedar sola y desprotegida, los peores enemigos de nuestro clan la descuartizaron. Julian no pronunció una sola palabra al principio. Pero el día de mi parto, me arrastró a la fuerza hasta la Celda de Luz Solar. Sus colmillos me rozaron la oreja, peligrosos y fríos. Sus manos temblaron con violencia sobre mis hombros, llenas de dolor y una rabia maníaca. —¡El Progenitor tenía muchos guardias de élite! ¿Por qué tuviste que llamarme a la fuerza? ¿Acaso soy solo un escalón para ti? No me amas. Solo querías el lujo de ser la esposa de un Lord, ¿verdad? Además, ¡Lilah no estaría muerta si no fuera por tus malditos celos! ¡Vas a sufrir mil veces peor que ella! Luego, sin piedad, nos empujó a mí y a mi recién nacido a la luz abrasadora del sol. Vi con horror cómo mi bebé se convertía en cenizas a mi lado. Cuando volví a abrir los ojos, el hedor a polvo de plata llenó el aire. Estaba de vuelta en el momento en que emboscaron al Progenitor Lucius.
Lo Engañé con el Alfa - undefined nobela & mga-kwento
Grogan
Durante un viaje de caza, un oso pardo me atacó y terminé de urgencias en el centro de sanación de la manada. Al ver la cara de pánico de quien sería mi compañero, se me ocurrió una idea y decidí jugarle una pequeña broma. —¿Quién eres? —pregunté. Toby se quedó tieso. Cuando estaba a punto de echarme a reír y contarle la verdad, empujó a su hermano mayor, Logan, hacia el frente. —Soy el hermano menor de tu compañero —soltó Toby. Después, jaló a mi mejor amiga, Chloe, y la rodeó con sus brazos. —Y también soy el compañero de tu mejor amiga —añadió. No supe cómo digerir su mentira. Pero, Logan dio un paso hacia mi cama. —Así es —confirmó él, sosteniéndome la mirada—. Yo soy tu compañero. Lo miré y esbocé una sonrisa. —¡Perfecto! —acepté sin titubear—. Entonces me iré a casa contigo. Al fin y al cabo, era solo un compañero. Si venía defectuoso, lo podía reemplazar sin el menor problema.
Mi propia madre me llamó mentirosa - undefined nobela & mga-kwento
Zafira
Para evitar que la acusaran de favoritismo, mi madre me obligó a participar en la jornada escolar de donación colectiva de sangre, a pesar de que padecía anemia severa. Después de que me extrajeran apenas cien mililitros, la vista comenzó a nublárseme. Extendí la mano hacia la aguja para detener el procedimiento, pero la joven enfermera me sujetó por la muñeca y me inmovilizó. —¿Solo llevas cien mililitros y ya quieres rendirte? Todos los demás estudiantes donaron cuatrocientos. —Miró mi rostro pálido con los ojos llenos de desprecio—. Donar sangre es un acto de honor. ¡Las personas egoístas como tú, que fingen estar enfermas para librarse, merecen que les extraigan el doble como castigo! A pocos metros de allí, mi madre me observaba con frialdad, con la decepción reflejada en el rostro. —Briana Hayes, ¿así es como te eduqué? Todos los demás donaron. No creas que porque eres mi hija eres especial. ¡Hoy completarás los cuatrocientos mililitros, aunque te cueste la vida! Jadeé en busca de aire mientras el corazón golpeaba mi pecho con tanta fuerza que sentí que estaba a punto de estallar. Cuando llenaron la tercera bolsa, mi visión ya se había vuelto completamente borrosa e, inevitablemente, me deslomé sobre el suelo. Mi alma comenzó a elevarse poco a poco mientras contemplaba a mi madre con culpa. Lo siento, mamá. De verdad no estaba mintiendo. Esta vez... en verdad ya no pude resistir más.
Me Obligaron a Ser Madre de Trillizos - undefined nobela & mga-kwento
Patricia Miranda
Mi esposo, Hugo Franco, llevó a casa a unos trillizos y se empeñó en decir que eran hijos míos. Esa misma noche mandé hacer una prueba de ADN de urgencia. El resultado confirmó que ninguno de los tres tenía parentesco biológico con él ni conmigo. Aun así, Hugo me abofeteó una y otra vez, me llamó puta y me obligó a firmar el acuerdo de divorcio y a renunciar a todos los bienes conyugales. Furiosa, fui a desahogarme con mi mejor amiga, Claudia Montes. Sin embargo, en cuanto vio a los niños, agarró un cuchillo de cocina que había sobre la mesa y me desfiguró el rostro. —¡Si vuelves a decir que no son tuyos, la próxima vez te cortaré el cuello! Con el corazón encogido, compré un boleto esa misma noche y huí a casa de mis padres. Les conté entre lágrimas lo que había ocurrido, pero ellos también insistieron en que debía reconocerlos como mis hijos. Al ver que no lograban convencerme, tomaron un azadón y me golpearon hasta matarme. Ni siquiera al morir entendí por qué todos querían obligarme a reconocer a esos tres niños de origen desconocido como hijos míos. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que Hugo los llevó a casa.
¿Mi vuelo por barco? Boda cancelada. - undefined nobela & mga-kwento
Mora
Apenas veinticuatro horas antes de nuestro viaje a Meridianna para celebrar la boda, Harrison Tucker —mi prometido desde hacía cinco años— decidió cederles a Mandy y a su familia los asientos de primera clase que había reservado para mis padres y para mí, sin decirme absolutamente nada. Con total ligereza, me soltó: —Mandy nunca ha estado en Meridianna y quería llevar a sus padres de vacaciones, pero ya no quedaban suficientes asientos en primera clase en nuestro vuelo. Vayan ustedes en barco. Ya les compré los pasajes. Volví la mirada hacia la familia de mi prometido y, para mi decepción, ni una sola persona se opuso a su decisión. Fue en ese preciso instante cuando perdí la última esperanza que me quedaba. Apenas despegó el avión, cancelé el salón de bodas, el hotel de lujo y todos los demás servicios exclusivos que ya había contratado. Ya veremos cómo piensa Harrison, un simple empleado de aduanas que apenas gana unos pocos miles al mes, costear el viaje de la familia de su «querida amiga» y acompañarlos a recorrer Meridianna sin mi ayuda.
Mi jefe frío es mi fan secreto - undefined nobela & mga-kwento
Liora Z
El infeliz de mi jefe, Cassius, destrozó mi cuadro frente a todo el mundo y sin una pizca de piedad. Necesitaba desahogarme con urgencia, así que hice lo más sensato: me abrí de piernas luciendo mis medias de rejilla, me tomé una foto bien provocativa y se la mandé a mi sugar daddy por un sitio privado. El mensaje que le adjunté decía: «¿Tu ama tiene que ponerte el pie encima para que obedezcas? Tócate pensando en mí, ahora mismo». Al levantar la vista, me di cuenta de que Cassius —que siempre parecía un témpano de hielo incapaz de sentir nada— estaba tragando saliva con dificultad. Ya no tenía ni una gota de esa compostura impecable de hombre en traje; es más, ¡tenía las orejas completamente rojas! Movida por la curiosidad, le eché una mirada disimulada a su teléfono. Mierda. Ahí estaba mi foto. Mi maldita foto subida de tono iluminaba toda su pantalla. Un escalofrío helado me recorrió desde la punta de los pies hasta la columna. El pánico me paralizó tanto que no me di cuenta de que, en mi propio celular, mi pulgar acababa de presionar el botón de videollamada.
La Hija Rechazada Volvió como Doctora - undefined nobela & mga-kwento
Andrea Aguirre
En mi vida anterior, la familia Salazar fue a buscarme al orfanato después de descubrir que yo podía ser su hija biológica. Sin embargo, Adrián Salazar, mi propio hermano, me acusó de haber provocado la enfermedad de Mónica Salazar, la hija adoptiva de la familia. Mis padres le creyeron y me echaron de casa. Poco después, morí enferma en la calle. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que los Salazar fueron a buscarme. Adrián se interpuso entre sus padres y yo y gritó: —¡Papá, mamá, no se la lleven! Desde que Mónica supo que la hija biológica de la familia podría volver, no ha dejado de sufrir crisis. Además, ni siquiera sabemos con certeza que ella sea Elena. Mis padres me pidieron que les mostrara mi mitad del medallón de cristal. La familia conservaba la otra, y ambas piezas eran la única prueba material que podía vincularme con ellos antes de una prueba de ADN. Como ya sabía cómo terminaría todo, decidí no mostrarla. Ante mi silencio y temiendo que Mónica empeorara, me miraron con decepción y se marcharon. Yo regresé en silencio al orfanato. Veinte años después, me había convertido en una de las cardiólogas más prestigiosas del país. El hombre sentado frente a mí me entregó un expediente clínico con las manos temblorosas. —Se lo suplico. Salve a Mónica. Me detuve al leer el nombre y observé durante un largo rato aquel rostro demacrado. Solo entonces levanté la mirada hacia el hombre. —No.
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