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Me Fui al Mundo que Sí me Amaba

Me Fui al Mundo que Sí me Amaba

Mariposa LiskerRomance AmargoPOV masculinoArrepentirse
Después de fracasar con mis tres primeros objetivos del sistema, elegí comprometerme con la heredera paralizada de la familia Ortiz. Gasté todos mis puntos para que pudiera volver a caminar. Pero lo primero que hizo al recuperarse fue cancelar nuestro compromiso y casarse con Castel Díaz en un crucero atracado junto al puerto, frente a todos. En plena ceremonia, mis cuatro objetivos de conquista miraban a Castel con una ternura desbordante. De pronto, me invadieron unas ganas inmensas de volver a casa. Así que me di la vuelta y salté directamente al mar. Pero cuando me hundía en el agua, una figura se lanzó tras de mí y me arrastró de vuelta a la superficie. En ese momento, yo todavía no sabía que, muy pronto, esas cuatro mujeres acabarían mirándome con arrepentimiento y miedo.
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El matrimonio relámpago del multimillonario: Cariño, lo sien

El matrimonio relámpago del multimillonario: Cariño, lo sien

YuanYuanDramaAmor dulceActor / ActrizCEOIndependienteAmor SecretoMatrimonio por ContratoMatrimonio Exprés
Después de que su novio tuviera una aventura con su hermana, Lani quedó profundamente herida y, siguiendo el consejo de su mejor amiga, decidió casarse con un hombre desconocido como forma de venganza. Se casó con Kane, un trabajador de oficina aparentemente común, de aspecto atractivo, que se encargaba de cocinar y limpiar en casa mientras ella perseguía su carrera como actriz. La vida con Kane era relativamente tranquila, y poco a poco se volvieron cercanos y afectuosos, como una pareja real. Sin embargo, un día, Lani descubrió la verdadera identidad de Kane: el multimillonario más rico de la ciudad. Incapaz de aceptar ese engaño, Lani se marchó sin decir una palabra, aceptó un papel como protagonista en una película y se mudó a otra ciudad, cortando todo contacto con Kane. En ese momento, al darse cuenta de la desaparición de Lani, Kane sintió un profundo arrepentimiento y tristeza. La buscó sin descanso para explicarle todo. Cuando, por casualidad, se encontró con Lani en la calle, Kane la siguió hasta el hotel, le tomó la mano y, entre lágrimas, le suplicó que lo perdonara, incluso arrodillándose para expresar su arrepentimiento. —Cariño, lo siento mucho. Puedes golpearme o regañarme si quieres, pero por favor no me dejes. Todo ocurrió de forma inesperada y caótica, así que ¿qué decisión tomará Lani?
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Tres Castigos para el Alfa

Tres Castigos para el Alfa

Circle MasterAlfaDejar en ridículoMujer PoderosaSatisfacción/PoderGiro InesperadoRompehogares
El día que Cole, mi compañero destinado, se paró frente al altar para unirse a Kate, su amor de la infancia, yo estaba ahí, de pie entre la multitud y aplaudiendo. La manada entera asumió que yo había perdido la cabeza por culpa del despecho. Cole pensó exactamente lo mismo. Se acercó hacia mí a zancadas, atrapó mi muñeca con una fuerza brutal y me gruñó una advertencia al oído: —Este es el mayor sueño de Kate, el único deseo que ha pedido en toda su vida. Está muy frágil. Quién sabe cuánto tiempo le quede. No querrás cargar con la culpa de verla morir con este arrepentimiento, ¿verdad? Le dediqué una sonrisa para ocultar mi asco y le di un trago a mi copa de champán. —Por supuesto que no —respondí. En mi vida pasada, vi a Kate burlarse de mí en mi cara mientras se escondía en los brazos de Cole. Esa vez perdí los estribos, grité a los cuatro vientos toda mi furia y arruiné la estúpida ceremonia hasta obligar al Alfa a cancelarla. Kate no soportó la humillación pública. Salió huyendo con su típica actuación de víctima y murió en un accidente de auto. Como venganza, Cole inventó cargos de traición a mis espaldas para destruir a mi manada. La Alianza encarceló a mis padres y los condenó a morir de hambre en una celda durante diez días. Yo fui exiliada. Me convertí en una renegada y encontré mi fin acorralada y despedazada por una jauría salvaje. Fallecí con una sed de venganza que me nacía del alma. Pero en esta nueva vida, le iba a dar justo lo que se merecía. Por cada traición en mi contra, le arrancaría uno de los privilegios que mi familia le otorgó a su manada. Tres traiciones. Tres privilegios. Y al final, el gran Alfa se quedaría sin nada.
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El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

El Alfa De Las Dos Lunas Llenas

ApplesRomance AmargoGiro InesperadoDe Perdedor a GanadorAlfaEgoístaIndependienteReconquista DesesperadaArrepentirseDejar en ridículo
Tenía nueve meses de embarazo cuando el Consejo de Lobos envió un reporte de recursos a las habitaciones de la Luna. En él aparecían los gastos mensuales de mi compañero. Durante dos años seguidos, mi compañero del destino, el Alfa de la manada, le había estado entregando en secreto a una loba acceso al territorio, protección y suministros. Sin falta, cada mes. El primer registro era de hace dos años, el mismo mes en que perdí a mi primer cachorro. De pronto apareció una notificación: una solicitud de contacto. El nombre decía: “La compañera del Alfa”. Me sentía extrañamente tranquila; puse una mano sobre mi vientre abultado y acepté. Me escribió. “Ya viste el reporte, ¿no?” No le respondí; en su lugar, abrí su perfil. La publicación más vieja era del 21 de abril de hace dos años. Una loba aparecía apoyada en el pecho de un Alfa. Le habían recortado la cara en la foto, pero la marca en su hombro era clara. La reconocí: era la marca de Alfa de mi compañero. El texto decía: “Gracias por elegirme en mi noche de mayoría de edad”. El 21 de abril. Esa fue la noche en que me quedé desangrándome en la sala de curación, perdiendo a mi bebé. Él me había dicho que estaba fuera por asuntos de la manada. Seguí revisando sus fotos. Entrenaba libremente en áreas exclusivas para Alfas. Usaba recursos reservados para su Luna. La cuidaban como si ya fuera la pareja que debía estar a su lado. Cada publicación transmitía el mismo mensaje: él la eligió a ella. Fijado hasta arriba había un reporte médico: estaba embarazada del cachorro del Alfa. Dejé el celular y regresé a nuestra recámara. Entonces me llegaron más cosas: fotos y videos. Me los mandó a propósito, para presumir que el amor del que yo antes estaba tan orgullosa ya no era para mí. Me senté despacio mientras sentía a mi cachorro moviéndose dentro de mí y dolor me recorría. Solo entonces lo entendí: me había traicionado por completo. No quiero un amor así. No me quedaré en esta manada. Cuando nazca mi cachorro, me iré y me llevaré a su heredero conmigo. Que el Alfa busque en cada territorio, y aunque recorra cada frontera y destruya la manada por arrepentimiento, nunca nos va a encontrar.
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Cuando el Don lloró por ella

Cuando el Don lloró por ella

Bella y FrágilReconquista DesesperadaRomance AmargoGiro InesperadoMafiaMujer PoderosaPrimer AmorArrepentirseDespertar
El banquete de la coalición mafiosa había alcanzado su punto álgido. De pronto, el ambiente en el gran salón cambió y la conversación se desvió hacia el joven y reservado líder de la familia Fumagalli. —Dante, antes de que ascendieras al poder, todos los viejos Dónes de las familias más importantes se morían por poner a sus hijas en tus manos —comentó uno de los invitados—. ¿Hubo alguna que te interesara de verdad? Me quedé a medio paso detrás de él; mis nudillos se volvieron blancos por la fuerza con la que sostuve mi copa. Dante no respondió de inmediato. Su mirada me recorrió de arriba abajo con una indiferencia gélida, para luego desviarse hacia Viviana Lombardi, quien acaparaba la atención de la multitud. —A ella —declaró él, con voz firme—. Siempre la quise a ella. Viviana se giró tan rápido que el vino de su copa se derramó sobre su muñeca. —¿Y entonces por qué demonios nunca apareciste cuando te di la tarjeta de acceso a mi hotel hace años? —reprochó ella, con los ojos enrojecidos. La aparente calma en el rostro de Dante se rompió por completo y frunció el ceño, desconcertado. —¿Tarjeta de acceso? Pensé que esa tarjeta era para Enzo Ricci. —¿Cómo pudo haber sido para Enzo? —refutó Viviana, con la voz quebrada—. ¡Es mi primo hermano! Una pregunta llevó a la otra y la verdad oculta durante años salió a la luz. Un soldado le había entregado la tarjeta de acceso a la persona equivocada; por culpa de ese maldito error, ellos jamás se habían encontrado. Viviana rompió a llorar allí mismo, y una expresión de profundo arrepentimiento nubló el semblante de Dante. Entonces, alguien entre la multitud soltó una risa burlona: —¡Qué tremenda coincidencia! ¿Cómo es posible que le hayan entregado la tarjeta a otra persona? ¿O acaso todo esto ya estaba planeado desde el principio? En un parpadeo, todas las miradas de la sala se clavaron en mí. Para el resto del mundo, yo solo era la mujer que seguía a Dante a todas partes como una tonta enamorada; todos en el entorno mafioso lo sabían. Me giré para mirarlo fijamente, esperando que abriera la boca, que dijera algo, que me defendiera. Deseaba que les recordara a todos que nos habíamos casado en secreto hacía cinco años y que él había sido quien me había cortejado con insistencia en aquel entonces. Pero Dante no pronunció una sola palabra. No negó la acusación tácita de la multitud. Se mantuvo en un silencio sepulcral, mirando al frente como si la humillación que yo estaba sufriendo no fuera de su incumbencia. Con los ojos fijos en él, me quité el anillo de bodas que había llevado puesto con orgullo durante cinco años.
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