MARÍA
—preguntó mi madre, y la cara que puse debió ser hilarante, pues mi madre rio tan fuerte que me molestó bastante.
» Sabes, Mari. En la vida, en la premuerte, en la muerte y la postmuerte hay una regla que no podemos ignorar. El que vivió debe hacerse responsable de sus actos, solo después de que cumplas esa última misión puedes decidir si morir o volver. O al menos ocurre así con las personas que rozan la muerte con tantos arrepentimientos. Dime, amor, ¿de qué te arrepientes?