Corazón de piedra
Un silencio pesado se abatió sobre ella, roto solo por el susurro del viento.
—Hola, papá. Hola, mamá. Espero que estéis bien donde estéis. —Su voz era tranquila, pero llena de una tristeza infinita. Posó su mano sobre la piedra, como si buscara conectarse con ellos—. Lo siento, hoy no traigo flores. He tenido un día muy malo, pero pensé que no volvería a casa sin venir a veros.
Cerró los ojos un instante, dejando que el dolor la invadiera.