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La Principessa de la IA

La Principessa de la IA

En mi vida pasada, una familia común me adoptó. A mi hermana menor, Regina Capasso, la acogió un Don de la mafia, y se convirtió en la Principessa de la familia mafiosa más poderosa de Etalia. Inesperadamente, el Don expulsó a Regina al tercer año de haberla adoptado. La familia la obligó a vagar por la calle como indigente hasta el día en que murió de forma terrible. Yo, en cambio, entré a una universidad prestigiosa gracias a mis buenas calificaciones. Después, continué mis estudios con mi hermano adoptivo mayor, Dario Bivona. Con mucho esfuerzo, terminé por convertirme en la nueva estrella de la industria de la IA, solicitada por todos. Con la bendición de mis padres adoptivos, Dario y yo nos casamos y tuvimos hijos. Mi vida era feliz y pacífica. Cuando recibimos una segunda oportunidad de vivir la misma vida, Regina tomó una decisión distinta. Se lanzó a los brazos de Dario y comenzó a tratarlo con mucha dulzura. Luego, tomó de la mano a mis antiguos padres adoptivos mientras me miraba con regodeo. —Livia, tú quédate con el puesto de Principessa de la mafia. Yo no estoy hecha para esa vida. Miré a Dario expectante, con la esperanza de que dijera algo en mi defensa. Pero él puso a Regina detrás de sí y me fulminó con la mirada. —Aléjate de mi hermana. Al final, caminé despacio hacia el Rolls-Royce bajo la mirada triunfal de Regina.
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La suerte que nunca le tocó

La suerte que nunca le tocó

La familia mafiosa Rossi seguía una regla ancestral. Antes del matrimonio, el heredero tenía una oportunidad cada año de sacar un sorteo. Si obtenía uno favorable, podía elegir a su propia esposa y evitar un matrimonio arreglado. Dante Rossi obtuvo un sorteo desfavorable durante cinco años consecutivos. Y yo, que llevaba siete años saliendo con él, nunca logré casarme a su lado. Este año marcaba el sexto. Escuché por casualidad su conversación con Marco Valentino, el subjefe. —Señor Rossi, le volvió a tocar un sorteo favorable. La voz de Dante tenía una frialdad inusual. —Como siempre, cámbialo por uno desfavorable. Marco dudó un momento antes de intentar persuadirlo. —Señor Rossi, ya lo ha cambiado durante cinco años seguidos. ¿No le preocupa que Celia se vaya? Es la mujer más hermosa de Nopales. La mitad de los hombres de la ciudad la persiguen. Dante respondió con total seguridad: —No lo hará. Celia me ama demasiado. No se casará con nadie más. —Hace años, el padre de Livia murió salvándome. Su último deseo fue que me quedara a su lado durante cinco años. Cuando este año termine, le daré a Celia una gran boda como compensación. Mi último rastro de esperanza murió al escuchar esas palabras. Dante probablemente no sabía que la familia Rossi tenía una última regla ancestral. Si el heredero no lograba obtener un sorteo favorable seis veces, perdería el derecho a elegir su propio matrimonio. Además, yo pronto me casaría con alguien más.
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Renací para destruir el trono de mi hermana

Renací para destruir el trono de mi hermana

En mi vida anterior, el día que mi hermana Elsa y yo asistimos a la ceremonia de apareamiento, le salvé la vida a un príncipe de la Sangre que estaba en la ruina: Sebastián de Montoya. Para pagarme el favor, en cuanto regresó a su clan, Sebastián anunció frente a todos que yo sería su esposa. Un año después, traje al mundo a un heredero de sangre pura, el único capaz de reclamar todo el linaje. Ese día, loco de felicidad durante su coronación, selló un pacto de sangre conmigo. Me nombró su reina y su compañera eterna. Desde ese momento, todos los clanes tuvieron que arrodillarse ante mí. Elsa, en cambio, prefirió casarse con el Alfa de una manada de lobos y terminó siendo una más del montón, la amante más insignificante de todas. La envidia la volvió loca: durante un ritual de luna llena, me empujó al abismo, dejándome morir destrozada en la oscuridad. Cuando volví a abrir los ojos, me encontré de nuevo en el día del rito. Vi a Elsa correr desesperada hacia donde el príncipe estaba por caer, y ahí lo entendí todo: ella también había renacido. Pobre Elsa... no sabía en lo que se metió. Ser la prometida del príncipe es la parte fácil. El verdadero reto era ganarse su corazón... y sobrevivir para darle un hijo de su propia sangre.
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Sin él, reconstruí mi vida desde cero

Sin él, reconstruí mi vida desde cero

Llevaba tres años vinculada a mi compañero, Brandon Blackstone, el heredero Alfa de la manada Blackstone. Y aun así, jamás me habían dejado asistir a una sola cena familiar. Cada noche de luna llena, me quedaba sola en casa esperándolo. Brandon siempre decía que era una tradición antigua de la manada Blackstone. Que solo después de superar un largo período de prueba y demostrar una lealtad absoluta tanto a la manada como a su compañero, alguien podía sentarse en las cenas de la familia Alfa. Y yo… le creí durante tres años enteros. Hasta que encontré tres fotos escondidas en su auto. En ellas aparecía una mesa enorme llena de frutas y comida exquisita. El Alfa y la Luna levantaban sus copas frente a la estatua de la Diosa de la Luna, mientras todos observaban alrededor. Y al lado de Brandon… había otra loba. La luz de la luna caía sobre ellos, iluminando perfectamente lo cerca que estaban. Sus dedos entrelazados, como si pertenecieran el uno al otro. Fue entonces cuando por fin entendí la verdad. Nunca se trató de ningún “período de prueba”. Era que Brandon… o más bien toda la manada Blackstone… jamás había creído que yo fuera digna de estar junto al futuro Alfa.
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Le di a mi novio a su amor ideal... y terminó arrepentido

Le di a mi novio a su amor ideal... y terminó arrepentido

Tuvimos una relación de diez años. Salvador Ríos, finalmente, aceptó casarse conmigo. Pero el día en que debíamos tomarnos las fotos para la boda, cuando el fotógrafo nos pidió que nos besáramos, Salvador frunció el ceño con desagrado, murmuró que sufría de misofobia y, sin más, me empujó suavemente a un lado y se marchó solo. Yo, con la cara ardiendo de vergüenza, me vi obligada a disculparme con todo el equipo por su actitud. Afuera caía una nevada densa. Era imposible encontrar un taxi. Caminé sola, paso a paso sobre la nieve, con los pies empapados… y el corazón también. Y al llegar al departamento que sería nuestro hogar conyugal, lo encontré besando a Lucía Solís. Abrazándola como si el mundo estuviera a punto de acabarse. —Lucía… solo dime una palabra… y dejo esta boda y todo ahora mismo —susurró él. Diez años de amor ciego… de pronto se convirtieron en una broma cruel. Lloré como nunca. Y luego decidí que sería yo quien escapara primero de esa boda. Tiempo después, se corrió la voz en todo nuestro círculo social: El joven Ríos buscaba desesperadamente a su ex prometida por todo el mundo, solo para rogarle que lo mirara una vez más.
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Justicia De Plata

Justicia De Plata

Después de mi chequeo médico, estoy por salir de la enfermería de la manada, que se encuentra en el territorio de mi primo, cuando una sanadora toda maquillada me sujeta del brazo. —¡Ni un paso más! ¿En serio crees que puedes romper algo en la enfermería e irte así como si nada? ¡Ni lo pienses! Miro su cara desconocida y parpadeo, sintiéndome confundida. —¿Qué fue lo que rompí? Señaló los frascos de cristal de las repisas y arrugó la nariz con un gesto exagerado de asco. —¡Apestas! Tu olor contaminó todas las pociones y ahora no sirven para nada. El Alfa Xander las compró carísimas; todo vale quinientos mil. También me tienes que pagar por el daño emocional que me causaste, que son otros doscientos. —En total son setecientos mil. ¿Vas a pagar en efectivo o con tarjeta? Mi olor es una mezcla de violetas y ámbar. Es distinguido y elegante, como un atardecer de invierno. Entiendo que no a todos les guste ese aroma, ¿pero cómo puede decir que es contaminación? ¡Por favor! No entiendo por qué la enfermería en el territorio de Xander funciona como si fuera una red de extorsión. Me río de puro coraje y le digo: —Soy la prima del Alfa Xander. Yo no pago ni un centavo en su territorio. Si alguien tiene un problema con eso, que venga él y me lo diga a la cara. Pero la sanadora solo puso los ojos en blanco. —Ay, por favor. ¿Crees que con esos trucos tan baratos vas a llamar la atención de mi Alfa? ¡Ya quisieras! Si no pagas ahorita mismo, te voy a desnudar y te voy a aventar a la calle para que todos huelan lo asquerosa que eres. No tiene idea de a quién está amenazando. Respiro y me pongo en contacto con mi Beta. —Dile a Xander que, o destierra a esta sanadora de la manada, o yo lo desterraré a él.
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En esta vida no tengo corazón para amar

En esta vida no tengo corazón para amar

La infancia de Adrián Rivas estuvo marcada por su primer amor. Pero cuando ella murió, él me odió durante diez largos años. Al día siguiente de nuestra boda, pidió ser enviado a una misión en la frontera. Durante una década le escribí incontables cartas, intentando acercarme una y otra vez… pero su respuesta siempre era la misma: —Si de verdad te sientes culpable… entonces muérete pronto. Hasta que un día fui secuestrada. Y él, solo y sin refuerzos, irrumpió en el escondite de los criminales para salvarme, recibiendo varias balas por mí. Antes de morir, con sus últimas fuerzas, me apartó bruscamente la mano y dijo: —Lo que más me arrepiento en esta vida… es haberte tomado por esposa. Si existiera otra vida… te ruego, no vuelvas a buscarme. En el funeral, la madre de Adrián lloraba de arrepentimiento. —Hijo mío, ha sido culpa mía… yo no debí obligarte. Su padre, lleno de odio, me gritó entre lágrimas: —Mataste a Clara, y ahora también a mi hijo. ¡Eres una desgraciada! ¿Porqué no te mueres tú también? Incluso el comandante, que insistió para que nos casáramos, bajó la cabeza con remordimiento. —Fue mi error, no debí separar a dos enamorados… Le fallé al camarada Adrián. Todos lamentaban la muerte de Adrián, incluyéndome a mí. Esa misma noche, fui expulsada del ejército y quedé sin ningún rumbo. En medio de la nada, en un campo solitario, bebí veneno y morí. Pero al abrir los ojos otra vez… regresé al día antes de nuestra boda. Esta vez, decidí cumplirles el deseo a todos.
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El Precio de Humillar a la Heredera

El Precio de Humillar a la Heredera

Casi morí desangrada en la camilla del hospital para darle a la familia Rossi su ansiado heredero. Pero, Carter, mi esposo y subjefe de la mafia, permitió que Sofía, su sombra y confidente, sostuviera una cámara mientras yo daba a luz. Grabó cada detalle solo porque estaba aburrida: la pérdida de control de mi cuerpo, mis gritos desgarradores y mi rostro retorcido por la agonía. Y lo peor vino después. Ella guardó capturas de mi sufrimiento, hizo memes y los filtró en el chat privado de su círculo íntimo, solo con el objetivo de burlarse de mi dolor. A los pies de la cama, creyendo que yo seguía inconsciente, Sofía se reía en mi cara. —¡Carter, esto es lo mejor que he visto en mi vida! Siempre sabes cómo complacerme. Pero Sloane se va a volver loca cuando despierte y vea todo lo que hice. La anestesia aún nublaba mis sentidos y los párpados me pesaban demasiado. No obstante, a través de la bruma del dolor, logré escuchar el tono cínico de mi esposo. —No se va a molestar —aseguró—. Ya sabes cómo es Sloane. Siempre hace todo lo que le pido. Le digo unas cuantas mentiras al oído y listo. Y ahora que nuestro heredero nació, la pobre jamás me dejará. Apreté los puños debajo de las sábanas. Recordé todos los sacrificios que hice por él durante los años que estuvimos juntos. Carter olvidó por completo había sido la mujer que lo convirtió en el hombre que gobernaba las calles. Ya que él disfrutaba jugar con mi vida, me prometí que le iba a demostrar cómo se jugaba de verdad. Los haría pagar por cada segundo de burla y humillación que me hicieron pasar.
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Amor Devorado por el Fuego

Amor Devorado por el Fuego

El día de mi cumpleaños, yo, Luna García, y mi hermana adoptiva Susana García sufrimos un accidente automovilístico. Las llamas ya me habían consumido, pero mi prometido, Manuel Sánchez, señaló el asiento del copiloto y gritó a los socorristas: —¡Salven a Susana primero! ¡Tiene un problema cardíaco! Al despertar, mi rostro estaba desfigurado y los médicos me dieron un mes de vida como máximo. Más tarde, por el bien de los intereses de ambas familias, todos decidieron que Susana se casaría en mi lugar con mi prometido. Manuel, con el corazón apretado, acarició los vendajes que cubrían mi cara y me hizo una promesa: —Cuando te mejores, la posición de señora Sánchez seguirá siendo tuya. Yo acepté con una sonrisa. Incluso regalé, como obsequio prenupcial para ella, todas mis acciones, propiedades y las obras de arte que no había revelado al público. Gracias a mis pinturas, ella se convirtió en una artista renombrada, admirada por todos. Durante una entrevista con los periodistas, nuestra madre, Irene Jiménez, lloró emocionada: —¡Menos mal que no le pasó nada a ella en el accidente! ¡Si no, nuestra familia habría perdido a una genia! Manuel también anunció a los cuatro vientos que ella sería la única y legítima esposa de la familia Sánchez. Lo que no sabían era que la verdadera genia los observaba desde las sombras, con una mirada gélida. Y todas aquellas cosas que yo misma les había regalado, desde el principio, no fueron más que ofrendas que preparé para mi venganza.
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La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo

La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo

Las drogas desaparecieron durante una de las transacciones de nuestra familia, y todos sabían que era culpa de mi media hermana, Emily. Actualmente, nuestros rivales exigían que les enviáramos a alguien para ellos mantenerlo cautivo hasta que se pagara la deuda, por lo que mi prometido y mi familia, estuvieron de acuerdo en que debía ser yo. —Emily ya se lastimó en la misión. Tú eres más fuerte, por tanto, puedes aguantar mientras encontramos una solución —dijo él. Yo sabía que aquel momento llegaría, así que firmé mi nombre. En cinco días, me iban a enviar lejos, por eso decidí que no importaba lo que pasara, si vivía o moría, ya había terminado con mi familia y mi prometido. En esos últimos días, di todo lo que tenía. ¿El casino? Para mi media hermana, que siempre lo había mirado con envidia. ¿Mi cuenta corriente? Para mi padre, que nunca perdía la oportunidad de recordarme lo inútil que era. ¿El anillo de compromiso? De vuelta a ese hombre que era tan falso. Ellos no notaron nada raro, solo sonrieron, contentos por lo atenta que había sido repentinamente. ¿Seguirían sonriendo así cuando se dieran cuenta de que me fui para siempre y de que su frágil Emily sería su perdición? ¿Seguirían estando tan contentos?
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