Dilemas del corazón
Probablemente el personaje olvidó algo esencial: el deseo es insaciable por naturaleza.
Esta vez miró al profesor con una expresión desafiante, como si lo siguiente que diría fuera una verdad absoluta que no dejaría refutar.
—Es fácil juzgarlo, pero ¿quién no ha sentido esa punzada? Cada uno de nosotros ha sido cegado por alguna clase de deseo, desde la obsesión de la juventud a un instante perfecto, convirtiéndonos en adictos a las sensaciones, igual que Dorian, que colecciona tapices, perfumes, joyas, hasta… vidas humanas. —Zoe hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas, y al hallarlas, prosiguió— Todo con el propósito de llenar un vacío que cada vez se hace más grande.