¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!
Tras aquel día, caí gravemente enferma. Una noche, tosí sangre y perdí el conocimiento.
Daniel se asustó muchísimo y buscó al mejor equipo médico para atenderme.
—Amor, con tal de que te recuperes, haré todo lo que digas. ¡Viviremos bien juntos!
Y, de hecho, después pareció contenerse más. Eva también dejó su empresa.
Nuestra vida pareció volver a los tiempos dulces de antes. Las tres niñas estaban felices, porque su papá las acompañaba con frecuencia.