Troy
Patricia vio que Diomedes se pasaba la lengua por los labios y que su mirada se dirigió al tercer hombre, a quien ella estaba segura de haber visto antes, pero no lo lograba reconocer.
—¿Tú qué opinas, Diego? —preguntó Diomedes. Al escuchar el nombre, Patricia lo recordó. Era uno de los hombres más cercanos a Fabricio, a quien llamaban “El Oráculo” porque siempre acertaba, auspiciado solo por una corazonada, en los movimientos más importantes de la bolsa de valores— ¿Crees que debemos ir a visitar a Darío?
Los ojos del Oráculo se clavaron en los de Patricia, que se sintió intimidada por los dos enormes topacios negros que la miraban como si esperaran anidarse en su alma.