Deseo Pecaminoso
Mis labios estaban hinchados, mis mejillas sonrojadas, ¿cómo llegué aquí?
El recuerdo de él me arañaba la piel, quemándome, imposible de escapar. Cada roce de sus manos, cada presión de sus labios, cada movimiento controlado suyo quedaba grabado en mi memoria, pulsando en mis venas, haciendo que la contención se sintiera una cruel broma. Intenté concentrarme en la carretera, pero mi cuerpo recordaba lo que mi mente se negaba a aceptar.
Santo cielo… ¿qué he hecho?