El heredero secreto del Alfa
Labios rojos, carnosos y tentadores, pequeños y delicados, que invitaban a besarlos con pasión desenfrenada sin pudor alguno, sin embargo, sus ojos no eran fácilmente visibles, al igual que los delicados rasgos que se alcanzaban a apreciar, pero que permanecían ocultos en aquella media mascara que mantenía la identidad de la hermosa dama completamente a salvo.
Una ovación se dejaba escuchar, y repentinamente, la hermosa dama se veía rodeada de las mismas personas que habían estado rumoreando de ella con aquella falsedad típica de los humanos. Ares no podía despegarle la vista de encima, era realmente tan bella como decían, aunque ella no era la Luna perdida que había estado buscando, pues no