Sustituta del amor del CEO
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Meses Después
La sala de espera del hospital estaba impregnada de una tensión casi tangible, y el aire se volvía pesado con cada respiración.
Darina, sentada en silencio, apretaba sus manos sobre el regazo, sintiendo su corazón latir rápidamente en un compás de ansiedad.
A su lado, Hermes Hang la observaba con una mezcla de severidad y suavidad.
Su presencia, imponente, pero serena, le ofrecía un consuelo inesperado.
Sintió la calidez de la mano de Hermes posarse sobre la suya; un gesto sencillo que, a pesar de todo, la estremeció profundamente.