El juego de nuestro destino: La venganza de la niñera
Pero, ni siquiera teniendo tantas dudas soy capaz de sentir miedo, porque mi venganza finalmente pudo efectuarse, la deuda que tenía con mi familia, la venganza que tanto me costó realizar, ha llegado a su fin.
Los juegos del destino que nos llevó a Kael y a mí a conocernos hace algunos años atrás cuando nuestros mundos no se parecían, ni tenían porque coincidir, ahora me permitieron vengarme.
Es por eso, que me siento en absoluta paz, pero, sigo sintiendo un vacío extraño, ese que me deja claro que vengarme no me traerá a mi hijo ni a mi madre y eso, interrumpe la satisfacción completa que pude haber sentido.