Amada por el Rey Licántropo
Contuve la respiración, sin querer perderme ni una sola palabra.
“Tus padres, el rey Alaric y la reina Seraphina, eran muy queridos, como dije antes”, comenzó, con la voz cada vez más firme. “Eran sabios, compasivos y estaban profundamente enamorados. Pero su unión no estuvo exenta de dificultades. Durante muchos años después de su matrimonio, el reino esperó con ansias el anuncio de un heredero, pero no llegó ninguno”.
Sentí una opresión en el pecho al imaginar su dolor. “¿No pudieron tener hijos?“, pregunté en voz baja.