Ella se limpió las lágrimas, ahora le toca llorar a él.
¿Por qué después de todo?
Las preguntas se perdían en el silencio del apartamento. Afuera, Miami brillaba con sus luces de neón, ajena a su tormenta. El mar seguía moviéndose allá abajo, indiferente. Y ella, Lenna Mendoza, la reina que había vuelto para quedarse, la heredera que había derrotado a su pasado, la mujer que había renacido de sus cenizas, estaba en el suelo de su sala, con las manos en el vientre, llorando por un hijo que no había planeado, que no había esperado, que llevaba dentro sin saberlo.