La esposa abandonada
Esta felicidad simple, ruidosa, desordenada y perfecta.
Y mientras el sol empieza a bajar, lanzando rayos dorados sobre el caos alegre de mi cocina, sé, con una certeza que me habita ya de forma permanente, que nuestra historia, la que empezó entre lágrimas y traición, se ha vuelto una obra maestra.
Nuestra obra maestra.
FIN