Un lobo en tentación
— No puedo — le dijo Sebastián, y conectado a Kerr sintió que el lobo superior estaba seguro de lo que hablaba.
— Sumérgete — él lo intentó, pero apenas y podía arañar con las yemas de los dedos las sensaciones que estaba buscando — Dejate caer, literalmente, salta — Sebastián no entendió a qué se refería, pero de repente abrió los ojos y se encontró en un acantilado, el viento soplaba brutal en su cara — no es real, proyecté esta ilusión para simplificarlo, ahora mira abajo — Sebastián obedeció, allá abajo en la oscuridad vio a su lobo pardo, acurrucado sobre un lecho de paja y él sintió nostalgia al verlo — Salta — Sebastián dudó — Él está ahí, solo tienes que confiar en él de nuevo y ven