El precio de abandonarme
Después de dudar unos segundos, terminó por mandarle un mensaje.
“Héctor, perdón. Sin querer eché a perder tu saco al lavarlo. ¿Cuánto te debo?”
“Diez mil dólares.”
¡Diez mil!
¡Y de una sola vez!
En ese momento, María no tenía ni diez mil.
Ni siquiera cinco.
Cuando estudiaba, todo lo que ganaba con trabajos de medio tiempo, además de alcanzarle apenas para vivir, también tenía que destinarlo a ayudar a su padre, cuya salud se había deteriorado en prisión.