Los Gemelos del DIABLO
—ella se encogió de hombros, aunque sus ojos brillaban con picardía —Yo tuve un príncipe… pensé que tú, con toda tu arrogancia, al menos tendrías una princesa.
Renzo soltó una carcajada grave que hizo vibrar su pecho contra la mejilla de ella.
—Un príncipe… —repitió, divertido, acariciándole la nuca— Ragazza, tú no sabes lo que dices, eso no fue un prícipe, fue un cobarde.
Ella lo miró con descaro, provocándolo.
—Claro que sé. Y algun día te contaré la historia completa y tal vez ya no lo creas tan cobarde.