Matrimonio en Cautiverio: Trampa de Contrato
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El último beso fue diferente.
No fue furia ni pasión descontrolada. Fue despedida—lenta, dolorosa, final. Sus labios se movían sobre los míos con una tristeza que me partió en pedazos. Como si estuviera memorizando cada detalle para cuando ya no pudiera volver a hacerlo.
Y yo lo dejé.
Porque sabía que también era mi adiós.