Nunca Terminamos
Richard soltó un largo suspiro de resignación y salió de mi oficina.
Esa noche, volví a casa cansada, mis ojos tenían más bolsas que una casa de té chino, habían pasado meses de la boda de Jeremy y de esa noche fatídica en la que Demián me alejó de su vida. Sonó mi teléfono celular, lo saqué del bolsillo, vi el identificador de llamadas y contesté, era Melanie.
-¿Hola...? - creo que mi voz sonaba a la de un zombie.