La Jaula Dorada
Solo vine aquí porque mi esposo me pidió que lo hiciera, me pidió que lo enterrara aquí, en su tierra natal —Sus ojos recorrían el rostro de cada uno de los presentes, buscando alguna señal de comprensión, de duda, de que alguien pudiera verla de la misma forma en que se veía a sí misma: una mujer que había llegado buscando respuestas, no problemas.
Pero Zoe no estaba dispuesta a escuchar. Su ira crecía con cada palabra que Elara pronunciaba.
—¡Eres una mentirosa! No vengas con ese cuento. Todos sabemos que fuiste tú quien nos entregó, que fuiste tú quien nos vendió a las autoridades. Tú no eres más que una espía, una impostora. Nos has traicionado a todos. ¡Nos has hecho pagar por tus menti