El choque de la traición: entre la mentira y mi renacer
Ya como pareja, se volvió más frío, usando cualquier excusa para rechazar mi cercanía.
Decía que era por mi bien, que esas cosas debían esperar hasta después del matrimonio.
Yo lo amaba, así que creí en sus mentidas.
Hasta que, la noche antes de casarnos, recibí un correo de Laura.
Ahí supe que no me tocaba porque me parecía a ella; lo que me dio ventaja, me condenó.
Laura contaba que habían estado enamorados por diez años, pero que, por la diferencia de clases sociales, no podían estar juntos.