Amor Salvaje
La mazmorra, una vez más, se llenó de silencio, pero esta vez era un silencio impregnado de incertidumbre y tensión, ya que todos se preguntaban qué ocurriría a continuación.
Zuke, tras recibir el inesperado dardo que lo dejó aturdido, se sumió en un sueño profundo y desconcertante. La oscuridad lo envolvió, y sus sentidos se desvanecieron en un torbellino de imágenes fragmentadas. Mientras tanto, Hans, preocupado y ansioso, se acercó sigilosamente a Zuke. El silencio de la noche solo era interrumpido por el suave susurro del viento. Con mano temblorosa, Hans llevó sus dedos al cuello de Zuke, buscando ansiosamente un pulso que confirmara que seguía con vida. La incertidumbre se apoderaba de