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Colegiala Pública

Colegiala Pública

—Padrino, me equivoqué, no volveré a ir al club nocturno... Mmm, ahí no me puedes tocar. A altas horas de la noche, en la entrada del club nocturno, una atractiva mujer con medias negras estaba tirada en la calle, tan borracha que dejaba a la vista su calzoncito blanco. Me puse eufórico y deslicé la mano por debajo de su falda. Para mi sorpresa, me confundió con su padrino y creyó que venía a darle una lección, por lo que se quedó tan asustada que no se atrevió a moverse. Aproveché la situación para separarle las piernas y me abalancé sobre ella con fuerza. —¡Padrino! ¿Por qué me castigas de esta manera? —gritó aterrada.
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Le Dio Mi Luna de Miel a Otro

Le Dio Mi Luna de Miel a Otro

Mi esposa, Norma Estévez, presidenta de la compañía, se enteró de que yo le había cedido a Manuel Anaya, su asistente favorito, un proyecto valuado en diez millones de dólares. Creyó que esos tres meses de ley del hielo por fin habían funcionado. Feliz de la vida, fue ella quien me propuso irnos al extranjero de luna de miel. Pero, en cuanto Manuel se enteró, se llenó de celos y armó un escándalo diciendo que iba a renunciar. Norma, que siempre lo consentía, entró en pánico. Después de pasarse tres días y tres noches consintiéndolo, volvió a cancelar nuestra luna de miel con la excusa de un viaje de negocios y le dio a él el otro boleto. Más tarde, me explicó con total indiferencia: —El amor es lo de menos. El trabajo es lo más importante. Como presidenta, debo poner la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposo, deberías entenderlo, ¿no? Miré la publicación que Manuel acababa de subir a sus redes, junto con una foto de ellos dos con las cabezas juntas, haciendo un corazón con los dedos. No dije nada, solo asentí. Norma creyó que me había vuelto más generoso y comprensivo, y pareció quedar muy satisfecha. Incluso aseguró que, cuando regresara al país, me lo compensaría con una luna de miel aún más romántica. Pero ella no sabía que yo ya había presentado mi renuncia. Y tampoco sabía que el acuerdo de divorcio ya llevaba estampada su firma. Entre ella y yo, ya no habría ningún después.
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Renací: esta vez no seré su prometida

Renací: esta vez no seré su prometida

Después de renacer, hice todo lo posible por evitar cualquier cruce con Sebastián Luján. Él se inscribió en la universidad más prestigiosa del país. Yo elegí irme a estudiar en el extranjero . Cuando viajó hasta Grandoria para buscarme, me fui todavía más lejos, acepté trabajos como reportera en zonas de conflicto. Años después, regresé a mi país tomada de la mano del hombre que amaba, para celebrar nuestra boda. Sebastián fue detenido en la entrada del lugar, sus ojos estaban enrojecidos, y sólo decía: —¿Por qué… por qué dejaste de amarme?
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Arrepentimiento de Mi Esposo

Arrepentimiento de Mi Esposo

En el tercer mes de mi embarazo, la amiga de la infancia de mi esposo mafioso regresó. Todos decían que si no hubiera sido por la repentina partida de Estela García tres años atrás, nunca habría sido yo la esposa de Mateo Pérez. Ahora que Estela había vuelto, debía cederle mi lugar. Evidentemente, Mateo pensaba lo mismo. Consintió que Estela me lastimara una y otra vez, y hasta mi hijo se convirtió en una víctima de su amor. Desesperada, tomé la decisión de marcharme y poner fin a toda relación con Mateo. Pero cuando desaparecí por completo de su vida, ese hombre comenzó a buscarme por todas partes como un loco.
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Al final, ambos saldremos heridos

Al final, ambos saldremos heridos

A quince días de la boda, Santiago Velasco y yo tuvimos una pelea feroz. La razón no era otra: él quería tener un hijo con la hija de su profesor. —Solo iremos a hacer una fertilización in vitro, no hay nada entre nosotros —dijo con una calma que me heló hasta los huesos—. El profesor está muy enfermo, lo único que desea es ver a Valeria con alguien que la apoye en el futuro. —¿Y tú? —le reproché—. Nos casamos en quince días y tú vas a tener un hijo con otra mujer. ¿No te parece absurdo? Vi cómo Santiago cerraba la puerta de un portazo y, sin pensarlo, publiqué en mis redes: "Boda en quince días, busco un novio nuevo, ¿alguien se apunta?"
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Fotos De Mal Tercio

Fotos De Mal Tercio

—Qué... qué delicia... nadie me la mete como tú... Soy fotógrafo de desnudo artístico. A través de mi lente he capturado a incontables mujeres en sus poses más seductoras y desinhibidas. Las mujeres que pasan por mi cámara, sin importar cómo fueran antes, terminan convertidas en modelos de primera. Por una sola razón: todas fueron moldeadas por mí. En la penumbra de la habitación, la mujer estaba desnuda, hincada a cuatro puntos sobre la cama, jadeando mientras su pecho subía y bajaba. Tenía las mejillas encendidas, la mirada llena de deseo, y solo su trasero redondo y perfecto, sostenido por mis manos, seguía en alto...
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Desaparecida en el fuego

Desaparecida en el fuego

En el quinto año de matrimonio, Julieta Torres se quejaba de que la vitamina C que su esposo le había comprado sabía demasiado amarga. Con el frasco en la mano, fue al hospital. El médico lo revisó y dijo: —Esto no es vitamina C. —¿Perdón, puede repetirlo? —preguntó Julieta. —Lo repita cuantas veces lo repita, es lo mismo —señaló el frasco—. Esto es mifepristona. Si la tomas en exceso no solo causa esterilidad, también daña seriamente el cuerpo. La garganta de Julieta se sintió como si algo la obstruyera, y sus manos, aferraban el frasco con fuerza. —Eso es imposible, este medicamento me lo dio mi esposo. Se llama Bruno Castro, también es médico en este hospital. La mirada del doctor hacia ella se volvió extraña, cargada de un matiz difícil de explicar. Al final, sonrió levemente. —Señorita, mejor vaya a consultar a psiquiatría. Todos aquí conocemos a la esposa del doctor Castro, y hace apenas un par de meses dio a luz a un bebé. No se haga ilusiones, muchacha, no tiene caso.
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La Maldición Gibson: Parí 3 Lobos

La Maldición Gibson: Parí 3 Lobos

Ethan Gibson, un multimillonario, estaba decidido a romper la maldición de su familia: terminar sin heredero. Se gastó una fortuna reclutando a diez "candidatas a ser madre" y nos llevó a todas a su isla privada, la Isla Brumazul. El día que llegamos, Ethan lo anunció ahí mismo, delante de todas: —La que dé a luz a mi primer heredero será la futura señora Gibson. La codicia creció más rápido que el deseo. En apenas unos meses, varias mujeres anunciaron sus embarazos con orgullo, casi presumiendo. Pero las tiraron al mar, a ellas y a los bebés que llevaban dentro, y las dejaron como alimento para los tiburones. La razón era simple: las habían encontrado con otros hombres. Cada noche, los gritos que subían desde el muelle no me dejaban dormir. Yo estaba aterrada, porque también había tenido un solo encuentro accidental con Ethan y ahora estaba embarazada. Cuando por fin llegó el día y vi lo que había parido, todo se me fue a negro. Esas mujeres que terminaron como alimento para los tiburones, al menos, llevaban bebés humanos. Yo había parido tres cachorritos diminutos.
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Extorsión al hombre equivocado: su Don.

Extorsión al hombre equivocado: su Don.

Esa camarera VIP, nueva en el club, insistía siempre en que fuera yo quien la atendiera. Como era buena para el negocio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, un fin de semana, alrededor de las dos de la madrugada, mientras descansaba en la cama de mi penthouse, me llamó y comenzó a darme órdenes a los gritos. —Estoy en la suite «Paraíso». Sube ahora mismo con una botella y atiéndeme como corresponde. Tuve que aguantarme la risa. Esa mujer actuaba de una forma realmente absurda. —Son las dos de la mañana. ¿Me estás ordenando qué hacer? No soy tu guardaespaldas ni tu proveedor personal. Ella resopló con una voz que destilaba arrogancia. —Mi primo es el gerente del club. Deberías sentirte honrado de atenderme. Ah, y por cierto, aún no has pagado la tarifa de protección de este mes. Más te vale moverte y venir ya, o le diré a mi primo que te arroje al río Chicago. Vaya. Parecía ignorar un detalle bastante importante: todos los muelles del río Chicago, sin excepción, me pertenecían.
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El Adiós Definitivo

El Adiós Definitivo

Mi prometido, Victor Blackwood, es el Don de la mafia que controla el bajo mundo de todo el país con mano de hierro. Para los demás, él es la personificación del poder. Pero para mí… era el amor hecho hombre. Nunca imaginé el precio de amar a un hombre como él. En el Día de San Valentín preparé sus comidas favoritas y lo esperé en casa. Sin embargo, las horas pasaron, el vino se enfrió… y su silla seguía vacía. Con un mal presentimiento, abrí la red social de Queenie Stone, su «hermana adoptiva», quien había publicado: «Solo bastó que le dijera que me sentía sola… para que viniera enseguida. Incluso, aunque derramé vino sobre él, no se enojó. Victor siempre ha sido así… La familia para él es lo primero, aunque eso signifique dejar a su novia esperando. Nunca me falla. Ojalá nada cambie». En la foto, la camisa de Victor estaba empapada a la altura de la cintura, y el pañuelo de Queenie descansaba de manera peligrosa cerca de su entrepierna… Él ni siquiera se había apartado… sino que solo la miraba con ternura. No hice ningún escándalo. Solo le di «me gusta» a su publicación y luego le envié un simple mensaje: «Terminamos.» Pero como siempre… lo ignoró. Después supe que, al ver mi mensaje, él se limitó a comentar: —Vivienne no puede vivir sin mí. Solo está haciendo un berrinche. Si la ignoro un par de días, volverá arrastrándose. Es fácil de contentar. Lo que él no sabía… era que yo solo era fácil porque lo amaba. Pero ahora que decidí irme, no hay vuelta atrás… No importa lo que haga.
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