Divorciada del CEO mujeriego
Su mente se fue, inevitablemente, a los días posteriores a la firma del divorcio.
Recordó la manera tan vil en la que se arrastró ante ella. Se sentía un ser patético.
—De verdad no sé qué me pasó, Rebeca —le dijo a la salida de su departamento, con el aliento a alcohol y la desesperación marcada en las facciones—. Estaba borracho, no pensaba con la cabeza... Te juro que eres la única a la que quiero. Por favor, dame una oportunidad. Una sola. Pídeme lo que quieras, pero dime que sí. Todavía podemos revertir el divorcio, podemos romper esos papeles.