El CEO atrapó a la curvy
urar a sus enemigos, mucho menos le mostraría el rostro de sus hijos a aquellos que hoy le sonreían, pero mañana solo Dios sabría las intenciones que tendrían, pues en la mafia no todos manejan los mismos códigos y Amir lo sabía, por lo cual simplemente llevaba a los niños, a esas otras residencias que tenía destinada para hacer sus investigaciones, aquellos lugares donde recibía a simples ciudadanos que, como si estuviesen en Italia, buscaban el favor del diablo, algunos simplemente pedían protección para sus pequeños negocios, otros solicitaban préstamos, y a pesar de que Amir les brindaba a cada uno una solución adecuada, no se lo podría considerar un usurero, mucho menos un aprovechado,