La Jaula Dorada
Los habitantes, aunque presentes, parecían moverse con una discreción inquietante, observando desde las sombras sin demostrar demasiado interés, como si la llegada de una forastera no fuera algo común, pero tampoco un evento digno de conmoción.
Sin embargo, cuando la caravana se acercó a la cuadra donde se encontraba la residencia de los Vaughn, la escena cambió por completo. A lo largo de la calle, un grupo de personas se había congregado para recibirlos. Algunos aplaudían con solemnidad, mientras que otros levantaban las manos al cielo en oración, sus labios moviéndose en susurros ininteligibles. Elara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La devoción en sus rostros era genuina, pero