Detrás de las mentiras
Levanté la cabeza y le solté un puñetazo.
—Miro hacia adelante y solo apareces tú, pero como no te gustan las mujeres y no puedes estar conmigo, ¿para qué demonios me sirve?Tonta, ¿de verdad creíste que no me gustan las mujeres? Si tú quieres, me caso contigo y pasamos la vida juntos, jamás me divorcio
Le di otro golpe y, entre palabras arrastradas, grité:
—¡Eres de lo mejor! ¡Me caso contigo! Vamos a estar juntos, ¡que se jodan esos desgraciados!