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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Karma

Tuklasin ang koleksyon ng mga kaakit-akit na maiikling kuwentong Karma na sumasalamin sa matinding damdamin at pagnanasa. Perpekto para sa mga mambabasang naghahanap ng mga kuwentong kayang basahin sa loob ng isang oras, na magbibigay-inspirasyon at magpapasiklab sa kanilang imahinasyon tungkol sa Karma.
Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí - undefined nobela & mga-kwento
Cocojam
Mi hermana adoptiva, Clara, me tendió una trampa. Afirmó que la obligué a beber sangre de bestia. El terror, según ella, le provocó un ataque al corazón. Debido a eso, mis tres amados hermanos vampiros me encerraron. Me atraparon en el observatorio, en la torre más alta, vinculada por una maldición de sangre. Golpeé la puerta, impotente, explicando y suplicándoles que me dejaran salir. Damien, mi hermano mayor y jefe de nuestra familia, me atravesó con una mirada de fría decepción. Luego, me dio la espalda. —Tu egoísmo tiene un límite, Lilith. Clara es una humana frágil. ¡Tiene una afección cardíaca! ¿La obligaste a tragar esa inmundicia? ¿Intentabas matarla? No quiero volver a ver este lado cruel de ti. Quédate aquí y piensa en lo que has hecho. Ethan, la estrella de rock, y Julian, el arquitecto gótico, ni siquiera pudieron mirarme. Sus voces estaban tensas por la ira y el agotamiento. —¡Soportamos tus berrinches, pero no para que lastimaras a nuestra familia! Nos has fallado, Lilith. Quédate ahí dentro y comprende lo que hiciste mal. Luego, levantaron con cuidado a la "inconsciente" Clara y desaparecieron por el pasillo. Pero ellos no lo sabían. El observatorio solo debía abrirse por la noche, pero algo falló. Cuando llegó la mañana, la cúpula no se cerró. La luz del sol, mortal para nosotros, entró directamente. Mi poder se evaporó. Mis gritos se convirtieron en silencio. Me convertí en cenizas. Tres días después, mis hermanos regresaron con una Clara "recuperada". Solo entonces se acordaron de mí. No tenían idea de que el sol ya me había ejecutado.
Los Dedos Milagrosos del Doctor Vidal - undefined nobela & mga-kwento
Celestino Garza
Pensé en mi futuro con mi novio y decidí ir al hospital para tratar mi estrechez congénita. Sin embargo, el médico que me atendió resultó ser amigo de mi novio. Para colmo, el tratamiento que propuso hizo que me sonrojara y me puso muy nerviosa. —Durante el tratamiento será inevitable que tengamos bastante contacto íntimo. —Por ejemplo, besos, caricias y también…
Nunca Fui Su Prioridad - undefined nobela & mga-kwento
Aita Cabrera
Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.
Las tarjetas del perdón se acabaron - undefined nobela & mga-kwento
Junio
Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Después de donarle el hígado a mi novio, supe que fue su venganza - undefined nobela & mga-kwento
El Justiciero
Mi novio fue diagnosticado con cáncer y necesitaba un trasplante de hígado. Cuando supe que yo era compatible, no dudé ni un segundo en aceptar la operación. Me extirparon dos tercios del hígado. El dolor era insoportable, pero en cuanto recuperé la conciencia, corrí a ver cómo estaba él. Frente a la puerta, escuché su conversación con un amigo. —Eres un genio, Javier. Nadie más podría idear una forma de venganza tan cabrona. Javier Morales soltó una risa burlona. —Si no fuera porque no quería armar tanto escándalo, hasta le habría quitado un riñón solo por diversión. —Por su culpa, Elena fracasó en el examen de ingreso a la universidad y tuvo que irse al extranjero. En un mes regresará, y en ese momento me despediré de Lucía para siempre.
Detrás de las mentiras - undefined nobela & mga-kwento
Choco Bean
Estuve ocho años con un hombre divorciado. Nos separamos noventa y cuatro veces y nos divorciamos cinco. Una más, y sería la número cien, pero me cansé. La primera ruptura fue la noche que le entregué mi primera vez: dejó todo a medias porque su ex lo llamó para comprar pan. La quinta, cuando me abandonó embarazada en plena carretera para consolar a esa misma mujer. Tuve un accidente, perdí al bebé… y él llegó después, desarreglado, como si nada. Y aun con todo el dolor que me causó, nunca tuve el valor de dejarlo del todo. La última vez que nos divorciamos fue por otra razón absurda: su ex y su hijo participarían en un programa familiar, y para cuidar la imagen de familia feliz, volvió a divorciarse. Cuando el show terminó, me llamó para hablar de reconciliarnos. Pero esta vez dije que no… porque ya había decidido casarme con otro.
Renací Y Me Río Viendo A Mi Amiga Y Mi Mestizo - undefined nobela & mga-kwento
Gancanjo
Mi amiga, Sofía Santos, la misma que siempre juró que jamás se casaría, me acompañó a la clínica el día de mi inseminación artificial. Pero justo cuando estaba por elegir la muestra de esperma... ¡me la robó! En ese instante lo entendí: ella también había vuelto a vivir. En mi vida anterior, yo solo quería tener un hijo mestizo, así que decidí hacerlo por mi cuenta. Recuerdo que Sofía se burlaba de mí, diciéndome que era una tonta por querer tener un hijo de un desconocido. Lo que nadie imaginó fue lo que vino después: dos semanas más tarde terminé en la corte real. Resultó que el donante que había elegido era, nada menos, que un príncipe extranjero. No solo quiso casarse conmigo, sino que juró que nuestro hijo heredaría el trono. De repente, mi hijo y yo nos convertimos en figuras importantes de la familia real. Las joyas que me regalaban pesaban tanto que apenas podía sostenerme de pie. Mientras tanto, Sofía, tan obsesionada con sus ideas de liberación y ese afán de ir siempre contra todo, terminó metiéndose con la gente equivocada. La despidieron de su trabajo y quedó vetada de la industria. Cuando se enteró del bautizo de mi hijo, viajó desesperada para buscarme. Pero en cuanto la recibí, hizo lo impensable: empujó a mi hijo al suelo, matándolo al instante, y luego me arrojó ácido. —¿Por qué a ti te va tan bien? —gritaba—. ¡Eres una maldita desgraciada, no lo mereces! Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en el mismo día... el día en que Sofía me acompañó a la clínica.
La Dulzura de la Traición - undefined nobela & mga-kwento
Isabella Luna Espinoza
La chica que Iván Herrera mantenía volvió a buscarme para hacer una escena. —De verdad amo demasiado a Iván… ¿no podrías dejar que se quede conmigo? Él, sentado a un lado, no dijo nada. Solo me envió un mensaje: «Dile que sí, solo hazle creer que tiene una oportunidad.» Le seguí la corriente. Y, en silencio, empecé a empacar mis cosas para dejar la casa que compartíamos. Al salir, escuché las burlas de sus amigos. —Vaya, sí que es obediente la «esposa». Entonces si le pides que pierda al bebé, ¿también lo haría? Iván alzó las cejas, con calma. —¿Apostamos? —Yo digo que en una semana estará llorando frente al hospital… pero lo hará. Yo no dije nada. Solo abrí otro chat, leí el último mensaje: «¿Quieres casarte conmigo?» Y respondí: «Sí.»
El aborto: el fin de mis sufrimientos - undefined nobela & mga-kwento
Rosalina
En mi sexto mes de embarazo, mi hermana menor, Clara Soto, sufrió un accidente de tráfico. Debido a la pérdida de sangre, requirió con urgencia un donante compatible. Y, según los exámenes, yo era la única que podía salvarle la vida. Sin embargo, debido a que durante los últimos meses de embarazo había perdido peso, me recomendaron no donar. Aun así, mi familia me obligó. Por lo que, sin fuerzas para oponerme, esperé que mi esposo me ayudara a salir de esa situación. No obstante, se quedó a un lado con los brazos cruzados, diciendo: —Estás bien de salud. Donar sangre no te afectará en nada. Clara tendrá un futuro brillante, no voy a permitir que lo destruyas. Después de la donación, me desmayé. Y, cuando desperté, supe que algo dentro de mí se había roto. Por lo que, sin decir ni una palabra, lo primero que hice fue agendar un aborto.
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