Tiempo De Perdonar
Aida sentía una liberación total, se había tomado no dos, si no varias copas de vino, pero estaba lucida, y quería herir, lastimar, llorar, gritar.
-Vamos mamá…todo un verso con eso de la casa, yo tengo casa, pero no es casa, si casa tengo, no tengo casa, porque casa no compro, compro la que vendo-. Jajajaja las risas se dejaron escuchar, Keila tomaba en broma todo aquel rollo de las palabras.
-Cariño vámonos o nos quedaremos sin casa-. George reía, aunque en la mirada perdida de Aida, algo se asomaba, algo no andaba muy bien.