Deseos ocultos
—Hoy vas a confiar más que nunca, Elena —susurró junto a su oído, provocándole un estremecimiento profundo que recorrió su espalda como un espasmo.
La condujo a través de la habitación, sus dedos rozaron lo que parecía una nueva estructura suspendida, una hamaca de nylon negra, tensa, suave al tacto, firme. Dorian la ayudó a subir. Las correas abrazaban sus muslos y espalda baja, mientras sus piernas quedaban suspendidas, abiertas, vulnerable, expuesta y deliciosamente atrapada.
Él ajustó cada parte con precisión, luego le ató las muñecas a los soportes superiores, no podía moverse, no podía resistirse.