El Precio de Amar a Ti
Nunca.
Me quedé quieto, sin saber si pedir perdón o atraerla de nuevo hacia mí.
Ella me dio la espalda y se marchó apresurada, el cabello danzando al viento, el sol dibujando oro sobre su piel.
Me quedé allí, inmóvil, viéndola alejarse.
Y dentro de mí supe que ella tenía razón — este amor no estaba hecho de calma. Estaba hecho de fuego, celos y culpa. Un amor que quemaba todo lo que tocaba.