Mi jefa
La dejé sonar, sonar, sonar hasta que se cortó sola, y entonces sentí un hueco en el pecho, una mezcla de rabia, miedo y deseo que me dejó temblando un instante.
No pasó ni un minuto cuando volvió a vibrar, esta vez con un mensaje. Abrí la notificación con manos que no dejaban de temblar y leí las palabras que se desplegaban en la pantalla:
"Hoy no estoy emocionalmente bien para entender por qué estás enojado. He cedido en muchas cosas que antes no me permitía ceder, no sé qué más quieres."