La Heredera que Regresó
Con la autoridad silenciosa de una mujer que llevaba treinta años siendo la temperatura real de esa casa mientras Gonzalo ocupaba apenas el nombre formal.
En la mesa lateral junto a la biblioteca, un rato después, encontró un sobre crema sin membrete, su nombre escrito al frente con una letra nerviosa, demasiado controlada para ser espontánea. Dentro, la lista del almuerzo privado que Victoria ofrecería en dos días. Las patronas más visibles del círculo de Elvira. El nombre de Alba, ausente por completo.
Al margen, en tinta azul oscura, con trazos que delataban prisa y algo de rabia contenida: Puedes sentarte. No significa que te escuchen.