LA OBSESIÓN DEL EMPERADOR
La jefa de mucamas asintió y se giró para dirigirse a la salida de la habitación obligándose a tragarse esa duda que tenía toda la mañana y la tarde carcomiéndole.
Y es que, de muchas maneras, a esa mujer le molestaba haber sido relegada de sus obligaciones cuando ni siquiera se le había dado una oportunidad de realizarlas.
Ariztia Zorenco, hermana de uno de los marqueses de renombre en el imperio, antes de cerrar la puerta de la habitación del emperador y la ahora primera reina giró el rostro para ver si en esa mujer se reflejaba aunque fuera una apertura para hablar con ella, pero, al ver su rostro, evidentemente cansado, y esa lágrima, que ella no debió ver, recorriendo su rostro, hizo co