Perdición
Prólogo
La tentación siempre estuvo al acecho, rodando mi alma cuando me detenía a pensar en mi propia vida y siguiendo cada uno de mis pasos sin importar cuán largos podrían ser, pero bien pude librarla con mi buena fe y mis oraciones; no obstante, mi amor por Dios se vio en tela de juicio cuando ella apareció en una noche tan fría y solitaria en medio de mi camino; tan hermosa como un ángel, tan frágil como una rosa y tan malherida como una pequeña palomita que busca a como dé lugar protección.
Me perdí en sus labios rojos y carnosos, en sus curvas perfectas y bien pronunciadas, en el aroma dulce y putrefacto de su sangre y su alma; pero, sobre todo, en la pureza de su ser cuando la muerte