De Su Amor a Su Venganza
Porque en ese momento, Mirna no se atrevía a pensar en por qué su marido haría algo así, por qué la había dejado sufrir en silencio todo este tiempo.
Solo quería saber, confirmar, que su hija no había cruzado esa línea.
Inés la miró de reojo. Y tras una breve pausa, respondió con voz serena:
—Por supuesto que fue un malentendido. Yo nunca he estado enamorada de Emiliano, ni lo he seducido, ni mucho menos tengo intención de estar con él. Hay muchísimos hombres maravillosos en este mundo, ¿por qué habría de quedarme colgada del prometido de otra?