La Amante Cautiva del Magnate Obstinado
Juro que por un momento pensé caer en sus brazos porque es exquisita, su piel tan suave, su forma de moverse me envuelve como un urgido.
No obstante, no pienso caer. No pienso rendirme tan fácilmente, ante su hechizo, porque yo soy Leonardo Valverde y no soy ese tipo de hombre que se deja manipular por una falda, por una simple mujer, que aparenta ser santa, pero quizás es una día la vestida de angel, manipuladora con su carita de tonta.
Que pensará Zaira Mendoza. Ahora preguntándome a mí si realmente amo a mi prometida. ¿Por qué necesita esa respuesta? Ni siquiera amo a Angélica, pero quiero herir sus sentimientos. Ella no necesita saber la verdad.