Promesa rota: el amor que nunca llegó
Sofía, abrazando a mi madre, se echó a llorar.
En un momento de emoción, con determinación, dijo:
—Bella, ya sabes que a Lucía la quiero de verdad. Para mí es como una hija.
—Esa Celia, desde el principio, estuvo maquinando para engatusar a Marcelo.
—En la universidad, a Marcelo, que era joven e inmaduro, ella le gustaba, sí. Tanto, que ella jugó a ser esquiva y se fue lejos, esperando que él fuera detrás.