De Su Amor a Su Venganza
Así que, esta vez, en plena discusión, recurrió al mismo truco.
Zoraida, con los ojos rojos y agotados, quería de veras abofetear a Elías y luego empujarlo lejos de ella. Pero, al final, cuando por fin lo golpeó, Elías, lejos de detenerse, se exaltó aún más. Y cuando intentó empujarlo, se dio cuenta de que sus piernas no respondían; se le habían esfumado las fuerzas.
Finalmente, cuando Elías, con los ojos enrojecidos, recobró el control, Zoraida se sujetó la cintura: ya no le quedaban fuerzas para nada salvo para maldecirlo.