Contrato de sangre y amor
Alzó la vista y, a través de una ventana rota, encontró la mirada de Luna, que lo observaba desde la puerta que los agentes acababan de derribar.
Con una sonrisa que era puro veneno, le gritó, su voz llegando clara a través del aire frío: —¡La venganza es un plato que se sirve frío, Luna Valdez! ¡Esto no ha terminado! ¡Te buscaré, y acabaré lo que empecé hoy!
Luego, se volvió y se perdió corriendo en el laberinto de callejones traseros de la ciudad, un fantasma con el pasado de Luna en sus manos y una promesa de más muerte en su corazón.