Un pacto con el Alfa Kingsley
Su rostro, fino, de facciones marfiladas y perfectas, era tan bello como nada en el mundo lo era, y la extrema palidez de su piel tan blanca y pura como la nieve, contrastaba con sus labios rojos entreabiertos, que dejaban ver sus afilados colmillos…las fauces de una bestia, de una hermosa e impiadosa bestia, que había perdurado durante demasiados siglos con la perfecta belleza de un niño en sus doce años.
Aquel, era Nicholas Sallow, el cuarto y último de los príncipes creados por Caín, el primer maldecido, y el más cruel entre sus hermanos, el bello e infantil príncipe, que asesinaba sin piedad a los adultos humanos, y convertía en sus hijos a todos los niños que se cruzaban, por desgracia,