Contrato de sangre y amor
Cuando llegó el momento de los votos, Mateo tomó ambas manos de Luna y no necesitó mirar ningún papel.
—Luna Valdez —comenzó, su voz firme y clara para que todos oyeran—, te juro amor no solo en los días tranquilos como este, sino en los que aún puedan traer desafíos. Te juro ser tu cómplice en cada sueño, tu refugio en cada tormenta, y tu mayor creyente, siempre. Te juro construir, a tu lado, un legado que honre a quienes nos trajeron hasta aquí, lleno de justicia, de amor y de esperanza. Porque el contrato más importante no estaba en un papel antiguo, sino aquí, en mí, desde el momento en que tu mirada me dio una razón para luchar por algo más que venganza. Te elijo a ti, hoy y siempre.