El matrimonio que nadie esperaba
Y prometo que, aunque los años pasen, siempre recordaré este día como el día que el amor se volvió real.
Tomé el papel que le había preparado. Mi voz era suave, pero firme.
—Yo, Luna, te tomo a ti, Sebastián, como mi esposo. No por un contrato, sino por amor. Te prometo ser tu compañera en la aventura de la vida. Prometo reír contigo, llorar contigo, y estar a tu lado cuando el camino se vuelva incierto. Prometo recordar siempre que el amor no se mide por lo que se recibe, sino por lo que se da. Y prometo que, en cada amanecer, te elegiré a ti, una y otra vez.