Santo Pecado
— Lanzó al sentir el ardor lacerante de las espinas en su piel.
— ¡Shissss! ¡Silencio! Deja ya de gritar que me meterás en más problemas, ¡Por favor! Además, te pedí que no maldijeras.
— Lo siento, yo… no sé cómo actuar contigo — Dijo en medio de su delirio, algunos dicen que los locos y los niños siempre dicen la verdad, Adriano no estaba loco, pero su cabeza estaba embotada debido a la baja temperatura que experimentaba y que le hizo decir con extrema sinceridad algunas cosas que de otro modo no habría dicho — En serio, me sobrepasas monja, nunca pensé que pondría mis ojos en una mujer como tú, esto es… ¡Absurdo!